¿Cuál es el plan?

Acabando de ver y escuchar el último debate entre el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump y su retador por el Partido Demócrata, Joseph Biden, me quedó un mal sabor en cuanto al hecho de que Trump no delineó ningún plan específico para enfrentar los retos del futuro de la nación.

En cuanto a la pandemia del COVID-19, el presidente no estuvo dispuesto a reconocer, ni la más remota posibilidad, de que su administración pudo haber cometido errores en el manejo de sus causas y efectos. De hecho, el pasado martes su administración, en un comunicado a los medios (y a sus más fieles seguidores), hizo declaraciones a los efectos de que la propagación del virus ya estaba bajo control, ignorando totalmente que ese mismo día el número de contagios entre nuestra ciudadanía, había superado los 72,000 casos.

Vimos y escuchamos a Biden proponer un plan específico y detallado de cómo atacar la propagación el virus, las pruebas a los posibles afectados y las ayudas económicas a aquellos que estaban en crisis por el crecimiento desmedido del desempleo y la pérdida de ingresos de los pequeños y medianos negocios que han ido poco a poco haciendo mella en nuestra economía a través de los últimos ocho meses.

Vimos y escuchamos a Biden explicar con detalle las bases fundamentales del racismo sistémico que vivimos, el temor de las minorías cuando son intervenidos por las fuerzas policíacas y sus propuestas para enfrentar el problema, limpiando las fuerzas de la ley y el orden de elementos corrompidos por el racismo y la intolerancia y educando a los miembros de la policía con relación a los derechos civiles y humanos que deben formar parte inalienable de nuestro sistema gubernamental. Trump se hizo de la vista larga con relación a esos problemas y se negó a explicar su constante defensa a los movimientos que predican y practican el concepto de “supremacía blanca” en el país.

Mientras Trump vociferaba que Biden nos aumentaría los impuestos a todos, Biden explicó que los aumentos propuestos solo afectarían a aquellos cuyos ingresos superen los cuatrocientos mil dólares al año y a las corporaciones e instituciones multimillonarias que muchas veces, no solo reciben ayudas del gobierno para costear operaciones, sino que no pagan un solo centavo en impuestos federales.

En cuanto a la salud, a pesar de que la administración de Trump está atacando la validez y constitucionalidad del Obamacare en el Tribunal Supremo del país, el presidente nuevamente nos dijo que tiene un nuevo y mejor plan de salud para todos nosotros. Su único defecto es que nadie… absolutamente nadie sabe cuál es ese plan. Biden, por el contrario, nos ofreció un Obamacare mejorado, la opción de un plan universal del gobierno completamente gratis y el compromiso de no intervenir con nadie que quisiera conservar su plan privado de salud.

¿Cuál es el país que queremos para nuestros hijos? ¿Cuál es nuestro modelo de futuro?

¿Para qué debe utilizarse el dinero del gobierno que no sea para garantizar la salud, el bienestar y la felicidad de nuestra ciudadanía?

En el corazón y la mente de cada uno de nosotros deben pulular esas interrogantes.

Y entonces… salir a votar. ¡Ese es el plan… el único plan!

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