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(AP) — Cuba está sometiendo su red ferroviaria a una gran reconstrucción, con un plan del gobierno para modernizar un servicio ahora anticuado y decrépito que en otros tiempos era la envidia del resto de América Latina.

El ministerio de Transporte tomó posesión el lunes de 80 flamantes vagones de pasajeros fabricados en China, parte del envío prometido de 250 vagones y locomotoras que la isla recibirá antes de fin de año.

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Al mismo tiempo, el gobierno se ocupa de restaurar y reparar en toda la isla unas vías en parte oxidadas o cubiertas de hierba o de tierra.

La tarea será ardua, reconocen los funcionarios del gobierno, incluso con el nuevo material rodante de fabricación china. El material restante, buena parte del cual se remonta a 1975, se encuentra en estado de deterioro en los talleres y el número de pasajeros ha disminuido bruscamente en las últimas décadas. Algunos ramales locales de trenes eléctricos están totalmente paralizados debido al envejecimiento del material.

Además, restaurar 4.200 kilómetros de vías, líneas de comunicación y decenas de estaciones destartaladas alrededor de la isla será una tarea monumental.

Desde hace más de 10 años los trabajadores están restaurando la estación central de La Habana, una estructura ecléctica de cuatro plantas y un entrepiso que data de 1912.

Las plataformas, de casi un kilómetro de longitud, recuerdan una época anterior cuando el tren era el medio de transporte principal. Su restauración ha sido un proceso minucioso, en ocasiones frustrante, dicen en el gobierno.

El vicepresidente del consejo de ministros Ricardo Cabrisas dice que la restauración es parte de un esfuerzo más amplio para modernizar la red ferroviaria.

“Es un plan ambicioso porque va a marchando de acuerdo con el cronograma”, dijo Cabrisas en una ceremonia en las afueras de La Habana donde el material rodante chino fue descargado de un buque. Añadió que se trata de proporcionar transporte confiable en toda la isla.

Según el ministerio de Transporte, los trenes tuvieron 6,7 millones de pasajeros en 2018, comparado con casi 11 millones en 2004. El gobierno espera aumentar la cifra en 1 millón este año en las rutas de larga distancia. Los habitantes de Santiago, Holguín, Camagüey y Guantánamo, en el oriente de la isla, hacen gran uso del servicio ferroviario.

El viaje de La Habana a Santiago cuesta 32 pesos en cada dirección, unos 1,50 dólares, una tarifa accesible para muchos cubanos.

El director general de ferrocarriles, Eduardo Hernández, dice que el objetivo del plan no sólo es proporcionar un medio de transporte a la población, sino también atraer turistas con los nuevos vagones y locomotoras chinos. El servicio incluye una primera clase con aire acondicionado.

“Hay un programa hasta el año 2030 de recuperación del ferrocarril cubano que incluye todo el sistema que va desde el material rodante hasta la modernización de las comunicaciones del sistema ferroviario”, dijo Hernández. “Es a lo que más aspiramos y a la recuperación de la vía central de Cuba, el eje central de ferrocarril para llevarlo a sus velocidades o parámetros de diseño original”.

Los trenes llegarán a Camagüey y Holguín, importantes destinos turísticos y de acceso a las playas de los cayos cubanos.

Los nuevos vagones de primera clase tendrán azafatas preparadas para atender a pasajeros que pagan precios altos. Además tendrán televisión digital, butacas reclinables, baños relucientes y vagón restaurante.

Cuba es el único país del Caribe cuya red ferroviaria abarca toda la isla. Tuvo la primera línea ferroviaria en América Latina, inaugurada en 1837 con un tramo de 27 kilómetros para el transporte de caña de azúcar.

Los vagones chinos son el primer material nuevo que recibe la isla desde 2001. Ese año se recibieron equipos franceses para la línea La Habana-Santiago, que permitieron a Ferrocarriles de Cuba ofrecer un servicio moderno en su ruta con mayor número de pasajeros.

El resto del material rodante es una mezcla de equipos canadienses, alemanes, franceses, rusos y ahora chinos y a pesar del empeño en mejorar, Ferrocarriles de Cuba enfrenta una tarea ardua para brindar un servicio confiable en el futuro cercano.

El viaje de unos 1.000 kilómetros de La Habana a Santiago toma alrededor de 20 horas, a veces más cuando se produce un desperfecto. La mayoría de los turistas evitan el tren debido a su fama de lentitud y escasa limpieza.

Pero Yudith Márquez, una azafata de Ferrocarriles de Cuba, dijo con entusiasmo que el nuevo equipo es una señal de que vienen tiempos mejores.

“Nosotras estamos confiadas de que va a mejorar. Estábamos esperando esto hace mucho tiempo, desde hace tiempo nos estaban prometiendo los coches y no llegaban por una situación o la otra y al fin los tenemos aquí”, dijo Márquez.