
NUEVA YORK (AP) — Animar a los clientes a remendar la ropa gastada en lugar de comprar prendas nuevas podría parecer una estrategia de ventas contraproducente. Pero las reparaciones en tienda y los talleres de costura se están convirtiendo en servicios minoristas esenciales para las marcas de ropa, mientras intentan atraer a consumidores jóvenes que quieren ahorrar dinero y proteger el planeta.
Aunque las casas de moda de lujo y algunos minoristas especializados como Patagonia y L.L. Bean ofrecen reparaciones de productos desde hace décadas, el concepto ha cobrado fuerza. El gigante de los jeans Levi Strauss & Co., la cadena de ropa informal Uniqlo y el minorista de bajo costo Primark son algunas de las empresas de indumentaria que esperan conquistar a los compradores de la Generación Z con aguja e hilo.
Levi’s creó un curso de costura a mano para estudiantes de secundaria después de determinar que muchos integrantes de la Generación Z carecían de habilidades de costura acordes con su interés por comprar en tiendas de segunda mano y por la sostenibilidad. Los empleados dedican 90 minutos a instruir a los adolescentes en cuatro tareas: coser un botón, hacer un dobladillo, poner un parche en un agujero y arreglar un desgarrón.
El programa Wear Longer, que la empresa con sede en San Francisco está ampliando a todo Estados Unidos, se basa en los servicios de arreglos y personalización que Levi’s ofrece en cientos de tiendas en todo el mundo.
La residente de Detroit Chloe Halprin, de 25 años, es el tipo de consumidora que los minoristas esperan atraer con un mensaje de “arréglalo, no lo tires”.
En la secundaria, Halprin compraba en tiendas baratas y de moda. Arreglar un gran desgarrón le parecía fuera de su limitada capacidad para coser. Si dañaba una blusa o una falda de Forever 21, “quizá simplemente la tiraría”.
Hoy en día, Halprin compra la mayor parte de su ropa de segunda mano. Hace poco aprendió a hacer dobladillos con una máquina de coser y espera abordar proyectos como convertir una falda en una camisa.
“Trato de ser consciente de mi huella de carbono. No me gusta nada el desperdicio. También estoy tratando de ahorrar dinero”, explicó Halprin, redactora de solicitudes de subvenciones para una organización sin fines de lucro.
Remendar es una parte diminuta de reducir las montañas de desechos textiles del mundo
La evolución del remiendo, de necesidad económica y oficio tradicional a método para cultivar clientes, no ocurrió de la noche a la mañana. La industria de la moda en su conjunto se ve bajo una presión cada vez mayor para reducir su contribución a la contaminación ambiental y al cambio climático.
Los desechos textiles —que incluyen restos de fabricación, ropa y ropa de cama no deseadas, y productos no vendidos— son uno de los desafíos más apremiantes del sector. Cada año, el mundo genera residuos de tela a un ritmo equivalente a que se arroje o incinere el contenido de un camión de basura cada segundo, estima el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
Los investigadores coinciden en términos generales en que reparar y revender ropa puede reducir el impacto ambiental de una prenda, especialmente si retrasa o sustituye una compra nueva. Pero muchos advierten que estas prácticas siguen siendo demasiado limitadas como para compensar el crecimiento continuo de la producción y el consumo de ropa.
La producción de ropa aproximadamente se duplicó entre 2000 y 2015, mientras que el número promedio de usos por prenda disminuyó alrededor de un 36%, según cifras recopiladas por la Fundación Ellen MacArthur. La organización sin fines de lucro dedicada a la sostenibilidad estimó que menos del 1% del material de ropa desechada se recicló para convertirse en nuevas prendas.
Entra en escena la Generación Z, el grupo nacido entre 1997 y 2012. Es la generación que creció con la moda rápida y el comercio electrónico, y luego tuvo años escolares y comienzos de la adultez marcados por la pandemia de coronavirus y la inflación posterior a la pandemia.
Ya sea por presupuestos limitados o por un rechazo al materialismo, la Generación Z ha ayudado a que el mercado de ropa de segunda mano crezca mucho más rápido que las ventas minoristas de indumentaria en Estados Unidos, estimó la firma independiente de inteligencia de mercado GlobalData en un informe junto con la plataforma de reventa ThredUp.



