Día de Recordación

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Este lunes 31 de mayo es un día feriado. Ese día catalogado por ley como Día de Recordación, nos da las oportunidades de disfrutar de un fin de semana largo, ir a las playas, a los parques de diversiones, acampar cerca de ríos y lagos, ir de pesca, aprovechar los descuentos que nos ofrecen las tiendas y el comercio para ir de compras, reunirnos en familia y con nuestras amistades, en fin, un día feriado al principio o al final de un fin de semana es un excelente regalo. Desafortunadamente el aparato social y económico de nuestra nación nos ofrece tantos compromisos y distracciones que el efecto inmediato del evento es el mantenernos tan ocupados que en un Día de Recordación”, no nos sobra tiempo para “recordar”.

En un acto de protesta individual, cada vez que celebramos un día de recordación yo hago el compromiso solemne de no dejarme distraer completa y absolutamente por el aparato socio-económico que tanto control tiene sobre nuestra vida cotidiana, ni por las diversiones que a veces hasta embotan nuestras mentes y dedicarle un buen rato al hermoso y nostálgico ejercicio de “recordar”.

Quizás haya algunos que no hayan todavía desarrollado el fino arte de recordar o no consideren importante el sacar tiempo para hacerlo. Les garantizo que recordar es importante para cada ser humano. Es un ejercicio que nos permite recrear nuevamente la ruta que hemos tenido que recorrer para llegar, cada uno de nosotros, individualmente, a nuestro hoy.

La recordación comienza como un ejercicio personal. Nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos, maestros, amigos y adversarios, forman juntos el el compromiso de esa “primera memoria” que fundamenta las bases más sólidas de nuestra existencia individual. Es en esa etapa en que comenzamos a experimentar el extraordinario balance que debe existir entre la disciplina y el amor. Es ese primer balance el que al final determina quiénes somos y cómo establecemos y aplicamos las reglas de convivencia con el prójimo.

Con mis padres aprendí acerca del amor así como de las reglas con las cuales debía tratar de desenvolverme en la vida. Diariamente los recuerdo en algún momento específico cuando su disciplina y/o sabiduría se convierten en referencias necesarias, aún al día de hoy.

Con mis abuelos aprendí el amor de otra manera. No era a ellos a quienes le correspondía la invariable responsabilidad de disciplinar, su amor era más divertido y en cierta manera más tolerante. Después de todo ellos ya habían sembrado, como los padres de nuestros padres, las reglas que recibimos de ellos, así que con los abuelos podíamos soñar y recibir los consejos necesarios para la persecución de dichos sueños. “Sonríe siempre al semejante cuando vayas camino arriba – me decía el abuelo – invariablemente vas a encontrar las mismas caras devolviéndote las sonrisas cuando vayas camino abajo”… palabras con luz que hoy recuerdo en todos y cada uno de los días de recordación.

Además de esa recordación personal, lo vivido nos permite repasar los eventos que constituyeron el paso de la historia durante nuestro crecimiento, desarrollo y años adultos. Esa historia nos pertenece porque, de una manera u otra, activa o pasivamente, hemos sido sus protagonistas.

Aprendamos a recordar nuestro lugar en la secuencia histórica de nuestro tiempo. El recordarla y relatarla a nuestros hijos y nietos, creará bases sólidas para sus días de recordación.

Disfruten de sus recuerdos este  “Día de la Recordación”y todos los demás días de su vida