El derecho al voto

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Mucho se ha comentado en estas últimas semanas con relación a los intentos de limitar el voto a muchos de nuestros conciudadanos en varios estados controlados por legislaturas y gobernadores republicanos.

En los Estados Unidos de América el voto es un derecho y a veces un privilegio, dependiendo de circunstancias particulares. La comisión de un delito grave, por ejemplo, puede afectar el derecho al voto de un ciudadano en algunos estados de la unión. Hay otras localidades donde el estar en prisión sencillamente le descalifica para votar. Lo que es común en toda la nación es que el votar no es obligatorio. Es un acto libre y voluntario por parte de cada ciudadano.

Sin embargo, el derecho al voto en nuestra historia, su manejo y sus reglas, los cuales nuestra Constitución delegó a cada estado, no fue regulado constitucionalmente hasta que se ratificó la Enmienda Catorce en 1868 la cual específicamente reconoció a los negros como ciudadanos de la nación y les otorgó el derecho al voto que, dicho sea de paso, les fue de muchas formas negado y/o interrumpido por el establecimiento blanco el cual dominaba y dominó por muchos años y, en cierta manera, hasta el día de hoy. Es a ese voto dizque minoritario al que el republicanismo quiere poner trabas y limitaciones. Es ese voto el que, no solo le garantiza la victoria al actual presidente Biden, sino el que además le sentó al Partido Demócrata los dos escaños senatoriales de Georgia en la elección especial celebrada a esos efectos.

La segunda vez que nuestra Constitución interviene directamente con el derecho al voto es cuando, a través de la ratificación de la Enmienda Diecinueve en 1920, le otorga a todo ciudadano sin importar su sexo, el derecho al voto en nuestra nación. Con la ratificación de esta enmienda a principios del Siglo Veinte fue que por fin, la mujer adquirió el derecho al voto después de ciento cincuenta años de historia y muchos años de luchas y protestas.

Cuarenta y dos años más tarde, en 1962, volvemos a atender el discrimen electoral que permeaba en cinco estados de la nación: Virginia, Alabama, Mississippi, Arkansas y Texas. En dichos estados se limitaba el derecho al voto a personas que no tuvieran pendientes el pago de lo que llamaban un “poll tax” o cualquier otro tipo de impuesto. Esta limitación electoral afectaba directamente a los ciudadanos más pobres, quienes perdían así el derecho a cualquier expresión democrática que pudiese muy bien mejorar sus condiciones sociales. De más está decir que los votantes negros eran definitivamente, aunque no únicamente, los más afectados.

La ratificación de la Enmienda Veinticuatro de la Constitución le devolvió los derechos y la voz a los más pobres en esos cinco estados.

Finalmente la Enmienda Veintiséis le otorgó el derecho al voto a los ciudadanos de dieciocho años o más en nuestra nación. Esto constituyó la primera vez en nuestra historia en que los jóvenes a quienes enviamos por ley a pelear en nuestras guerras, por fin adquirieron el derecho a participar en el proceso de la elección de su comandante en jefe, el presidente de la nación.

Por todas esas razones históricas que he mencionado brevemente, por las luchas y sacrificios que nos han costado y por el compromiso que debe tener cada ciudadano responsable y conocedor de la fuerza y a la vez la fragilidad de un sistema democrático, es que debemos de manera unánime, rechazar el que se trate de limitar el derecho al voto a ningún ciudadano, por ninguna causa y de ninguna manera.

Ese derecho al voto es la base fundamental de nuestra vida como pueblo libre y democrático.