El genio contributivo

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Durante la primera campaña de Míster Donald Trump para la presidencia de los Estados Unidos de América, el susodicho se jactaba públicamente de conocer tanto y tanto acerca de las leyes contributivas del país, que reducía a base de sus vastos conocimientos, la cantidad de impuestos que tenía que pagar.

Recuerdo claramente cuando su oponente, Hillary Clinton, señaló en un debate que el Don no había pagado contribuciones federales a los que él contestó, interrumpiendo el planteamiento de su opositora: “because I’m smart”… porque estoy listo.

La reciente radicación de cargos criminales contra las empresas Trump, así como contra Allen Weissenberg, director de Finanzas (CFO) de dicha empresa, demuestra claramente que Míster Trump aparentemente no sabía tanto de las leyes contributivas del Estado de Nueva York como se jactaba saber.

Es menester comentar también que esta batería de cargos criminales fue expedida por un gran jurado después de escuchar y revisar evidencia relacionada con estas alegadas violaciones de ley. El concepto legal bajo el cual se cita un gran jurado está basado fundamentalmente en que sean personas comunes y corrientes, como usted y yo, quienes revisen la evidencia y escuchen los planteamientos de los fiscales que atienden el caso. Son esas personas quienes llegan a la conclusión colegiada de que ha habido violaciones a las leyes según su opinión. En términos generales los cargos criminales son producto de la evaluación hecha por representantes del pueblo.

En su último discurso en el mitin que se llevó a cabo en Sarasota, Florida el pasado sábado, Trump, en términos generales aceptó que había hecho las cosas que se alegan en el pliego acusatorio, intentando aliviar en su discurso sus efectos. Lo que pasa es que esas cosas que el ahora alega haber hecho “de buena fe” con el propósito de ayudar a Weissenberg, sus hijos y su familia, constituyen violaciones a la ley porque las empresas Trump no pagaron ni un chavo prieto por concepto de impuestos estatales. Escondieron ese dinero y no lo declararon para efectos contributivos.

A ninguno de nosotros, queridos lectores, el Estado le va a aceptar que se viole la ley contributiva porque se nos ocurra beneficiar a un empleado y su familia utilizando dinero que no sea declarado como ingresos en nuestra planilla contributiva. Podremos amar profundamente a un empleado y a sus familiares, pero no se nos permite esconder ingresos con el propósito de beneficiarlos. ¡Esa es la ley y punto!

Sabiendo además que Trump es lo que se conoce como un “micro gerente”, entiéndase uno que quiere y exige estar al tanto de cada detalle de lo que se lleva a cabo en su empresa, entiendo que, tal y como dijo en el mitin de Sarasota, él tenía personal y directo conocimiento de lo que estaba pasando con relación a esos dineros.

No los reportó “because he is smart”… porque está listo, tal y como se le chispoteó en el debate con Clinton.

La conclusión: Trump estará listo… pero no tan listo como para haber caído y haber permitido que su empresa y Weissenberg cayeran en esta trampa contributiva.

O eso… o, diferente a sus reclamos de que nadie sabe más que él acerca de las leyes contributivas, no sabe un pepino acerca del cumplimiento a cabalidad con las leyes de impuestos.