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Pocas horas antes de partir en un vuelo a Sri Lanka y Filipinas donde hará una visita de ocho días que aquí suscita alarma para su incolumidad, Francisco acusó esta mañana al fundamentalismo religioso de “rechazar a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico”. El Papa argentino pidió nuevamente “a los dirigentes religiosos, políticos e intelectuales, especialmente musulmanes” que condenen “cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión, que pretenda justiciar “la violencia” y “descartar a los seres humanos perpetrando horrendas masacres”.

Hablando en su discurso anual al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, aludió a la masacre en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo el miércoles pasado y dos días después en un supermercado de alimentos judios, al decir que “la cultura que destruye los vínculos más íntimos y auténticos acaba por deshacer y disgregar toda la sociedad y generar violencia y muerte”.

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Francisco citó “los numerosos hechos de la crítica cotidiana, no última la trágica masacre ocurrida en París algunos días atrás”, atribuyéndola a “formas desviadas de la religión”.

Habló de las consecuencias de esta mentalidad, como de “una verdadera y propia guerra mundial combatida en capítulos, que ocurre en varias zonas del planeta, a partir de la vecina Ucrania, convertida en dramático teatro de enfrentamiento”, con la Rusia de Putin. Bergoglio pidió en esa zona “un camino de recíproca confianza y reconciliación fraterna”.

Al referirse a los conflictos bélicos en Oriente Medio, el Papa argentino dijo que sus características “son abrumadoras” incluyo por la acción del terrorismo de matriz fundamentalista en Siria e Irak”. Se refería al ISIS, el Califato islámico, que no nombró.

“Frente a esta injusta agresión que castiga a los cristianos y otros grupos étnicos y religiosos de la región, es necesaria una respuesta unánime, que en el cuadro del derecho internacional pare la extensión de la violencia, restablezca la concordia y resane las profundas heridas que el sucederse de los conflictos ha provocado.

Francisco pidió que los gobiernos “asuman iniciativas concretas por la paz y en defensa de cuantos sufren las consecuencias y de la guerra y la persecución”. Agregó que un Oriente Medio sin cristianos “sería un Oriente Medio desfigurado y mutilado”.

Jorge Bergoglio emprende hoy su séptimo viaje apostólico internacional en sus casi dos años de pontificado, que se cumplirán el 13 de marzo, que durará ocho dias. Parte con un entorno dramático de medidas extraordinarias de seguridad aquí y en los países que va a visitar, después de la masacre terrorista en París. Sri Lanka convalece de una sangrienta guerra civil en el norte entre la mayoría cingalesa y la minoría tamil,de origen indio. De los veinte millones de habitantes, el 76% son budistas y el 6,1% cristianos. Hay un 8,5% de musulmanes y un 7,9% de hindúes.

El miércoles Francisco canonizará a José Vaz, un sacerdote indio que llegó como misionero durante la persecución de los católicos en el siglo XVII. Primer santo de Sri Lanka, el padre Vaz había sido beatificado hace veinte años por Juan Pablo II durante su visita al país.

También visitará Madhu, primera vez de un Papa en esa ciudad de la minoría tamil, que convalece de su derrota en la guerra civil que duró treinta años.

El jueves 15, Francisco irá a Filipinas. Arribará a Manila tras seis horas de vuelo a las seis de la tarde y retirará a descansar. El viernes, tras los saludos oficiales y una misa en la catedral de Manila, encontrará a las familias en el Asia Arena. El sábado Bergoglio viajará a Taclobán para visitar a los sobrevivientes del tifón Yolanda, que arrasó la región en 2013.

En la capital Manila, Francisco celebrará los dos encuentros más multitudinarios. Un acto con los jóvenes en el campo de deportes en la universidad y una misa en el parque Rizal. Se espera que millones de fieles acudirán. Filipinas tiene un 81% de católicos entre sus cien millones de habitantes. El Papa regresará a Roma desde Manila el lunes 19 por la tarde.

El Papa condenó las formas tergiversadas de religión. El pontífice deploró la “cultura del rechazo al otro”, que genera “violencia y muerte” y que convierte al ser humano “en esclavo”.