El que a buen árbol se arrima…

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Los sucesos de esta última semana me han hecho pensar mucho en mi abuelo, Rafael Escudero y mi tío abuelo, su hermano Joaquín.

Papa Rafa, como le llamábamos de cariño, era el prototipo del filósofo que sueña con un futuro mejor, ese que le encuentra el lado positivo a todo y siembra esperanzas a cada paso.

Cuquito, me decía: siempre busca buenos amigos, cultiva a tus maestros y familiares, recuerda que: El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Confieso que, bajo su tutela y su amor, fui grandemente cobijado por las “ramas” de ese gigantesco héroe de mi niñez y juventud.

Entonces llegó a nuestra vida como nación la figura del Míster Donald J. Trump.

Bajo las ramas de ése árbol “trumpiano” se cobijó por cuatro años el liderato del Partido Republicano de los Estados Unidos. Le permitieron al tronco hacer todo lo que le vino en gana y cada uno de los que se le pararon de frente y lo criticó, fue destruido por él y siguió siendo víctima de su odio y persecución continua por los siglos de los siglos.

La ira de este señor Trump es tan despiadada que, como ejemplos, continuó persiguiendo a Hillary Clinton durante sus cuatro años como presidente, a pesar de haberla derrotado electoralmente y continuó la persecución y la ofensa contra el Senador John McCain aun después de su muerte.

Mientras todo esto ocurría el liderato republicano se mantenía en silencio aprobatorio y personas como el vicepresidente Mike Pence y el líder senatorial Mitch McConnell, sentían con sus cabezas frente a cada desbarre del líder bajo cuyas ramas se cobijaban.

A cambio de eso recibían de Trump los más grandes elogios.

Entonces llegó el 6 de enero de 2021. Ese día, Mike Pence, en cumplimiento con su deber ministerial y constitucional, se vio obligado a llevarle la contraria a los deseos y las órdenes de Míster Trump. Lo que Trump le ordenó hacer, sencillamente no era posible de acuerdo con la ley.

La turba de sediciosos que invadió el Capitolio en Washington, pedían a viva voz la cabeza de Pence y amenazaban con ahorcarlo. Trump no movió ni un dedo en defensa y protección de su vicepresidente. Y yo me pregunto: ¿No pudo ver Mike Pence esto antes?

Acabando de emitir su voto para absolver a Trump de su segundo “impeachment”, Mitch McConnell tomó el micrófono y responsabilizó a Trump de manera práctica y moral de los sucesos acaecidos el 6 de enero de este año. En respuesta a esto, Trump acaba de tildarlo de falta de personalidad, débil, falto de liderato y habilidades… en fin, a Mitch le cayó la “macacoa”.

Diferente a mi abuelo, mi tío Joaquín estaba divinamente enajenado de las realidades de la filosofía pura… era más bien un filósofo de la calle.

Frente a lo que me enseñó mi abuelo un día, mofándose de la vida y las consecuencias del “mal vivir” me enseñó la misma frase, ligeramente alterada.

Me dijo, Cuquito: El que a mal árbol se arrima… el árbol le cae encima”.

Ustedes lo crearon muchachos… ¡Cobijense ahora!