Emprendedoras cubanas empujan barreras y buscan más apoyo

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Natalhie Fonseca y su esposo Ernesto Collazo posan para una foto familiar con sus hijas Hana y Dana en su garaje en La Habana, Cuba, el domingo 26 de diciembre de 2021. (AP Foto/Ismael Francisco)

(AP) — La emprendedora cubana Natalhie Fonseca se levanta al amanecer, lava, cocina, cuida a sus dos niñas, limpia, ayuda a su marido a atender una cafetería y trata de sacar adelante su propio negocio, una tienda en línea de productos de decoración infantil que ella misma fabrica con telas coloridas. Aunque se siente con energía, alguna vez se enfermó y tuvo que bajar el ritmo.

“El día a ninguna nos alcanza. Somos mujeres que nos levantamos muy temprano a trabajar y nos acostamos muy tarde”, dijo a The Associated Press. Fonseca, de 32 años, dueña de “Carrete”, quien forma parte de un naciente grupo de empresarias en la isla y está pensando en la posibilidad de dar el siguiente paso y convertir su proyecto en una pequeña empresa. “¡Si tuviéramos un poco de ayuda!”.

Hace algunas décadas, la isla estaba a la vanguardia de los derechos de las mujeres, por ejemplo, en los años 60 aprobó una normativa que permitió el aborto gratuito y en los 70 fomentó su incorporación masiva a la producción. Sin embargo, en el marco actual una apertura económica a la iniciativa privada que les permite ser propietarias de sus negocios, las emprendedoras son apenas una tercera parte de los trabajadores por cuenta propia (TCP) -independientes del Estado- y poco más del 20% de las socias de las nuevas pequeñas y medianas empresas (pymes).

Agobiada por la improductividad y las sanciones de Estados Unidos, Cuba comenzó un proceso gradual de flexibilización hacia la iniciativa privada en la década pasada, impensable hasta entonces en una economía de fuerte control estatal y en la cual se estigmatizaba el trabajo particular. El expresidente Raúl Castro amplió las licencias para ejercer oficios, legalizó el mercado de bienes raíces y entregó tierras ociosas en usufructo, entre otras medidas.

Las calles en la isla se llenaron de vendedores ambulantes, pequeñas tiendas, talleres de servicios de reparación o fabricación de piezas, florerías, puestos artesanales, taxistas y rentas de habitaciones o restaurantes.

Pero recién en septiembre de 2021 el actual mandatario Miguel Díaz-Canel dio un paso más y aprobó la creación de las pymes -algunas ya lo eran de hecho con decenas de empleados-, un hito si se considera que desde 1968 las autoridades revolucionarias habían cerrado todos los pequeños negocios particulares de la isla.

Según cifras oficiales en 2020 había 602.000 TCP y de ellos 210.000 eran mujeres y en la última actualización del Ministerio de Economía se informó que desde septiembre a diciembre de 2021 se aprobaron 1.014 pymes, de las cuales el 22% están integradas por socias.

Estos actores económicos -los TCP y las pymes- se suman a la gran empresa estatal socialista, el principal empleador en la isla, aunque en estos años el sector privado generó más puestos de trabajos y paga mejores salarios.

“Como mujer siempre tienes que estar demostrando que puedes hacer ciertas cosas”, reflexionó con AP, Ena María Morales, de 30 años, quien creó “Selva”, un emprendimiento de jabonería artesanal.

El choque de Morales con la realidad se produjo cuando pretendió conseguir su propia materia prima. “Me propuse convertirme en agricultora para obtener las plantas y sacar un producto 100% orgánico. Ahí fue mi primer enfrentamiento con un mundo machista… los hombres me decían, ‘tú con ese pelo largo, no, no, no’”.

La pandemia y los casi dos años de restricciones que trajo aparejadas -incluido el cierre de las escuelas- retrajo a muchas mujeres emprendedoras en Cuba a su papel tradicional.

“Todavía somos las directoras de la casa”, reflexionó Ana Mae Inda, de 43 años y quien recientemente logró la aprobación de su pyme “Tragaluz”, dedicada a la fabricación de juguetes. “Mi esposo siguió trabajando y muchas mujeres nos quedamos con los niños pequeños”.

En contrapartida, hicieron notar varias de las entrevistadas, hubo una suerte de explosión de grupos de emprendedoras en las redes sociales, un espacio que sirve para intercambiar lugares de venta de materias primas -difíciles de encontrar por el desabastecimiento que se vive en la isla-, consejos para los trámites y hasta contención afectiva.

Paradójicamente, en un país mestizo como Cuba las cosas se complican un poco más para las emprendedoras si además son negras o mulatas.

“La sociedad cubana es bastante machista y a diferencia de otros países no se ha tomado tanta conciencia de eso”, dijo a AP, Yurena Manfugás, de 28 años y cofundadora de la marca de ropa BarbarA’s.

Manfugás y su madre Deyni Terry, de 54 años, no sólo abrieron una tienda sino que su línea de vestir se enfoca en la población afrodescendiente y utiliza telas livianas, diseños geométricos de colores contrastantes y enormes collares.

“El hecho de ser mujer y ser negra representa que nos enfrentemos a ciertas barreras”, comentó Manfugás, quien puso por ejemplo las dificultades que tiene para conseguir un buen lugar para vender, dado que las pymes y los TCP suelen instalarse en los hogares a falta de locales comerciales.

“Las personas negras están además ubicadas en las periferias, adonde están los barrios más marginalizados… Una mujer blanca que nació en El Vedado -un municipio céntrico-, quizá lo único que tenga que hacer es acomodar su propia casa para montar su negocio”, comentó Manfugás.

Para su madre Terry, abogada de profesión y activista feminista, el problema de base es “una construcción social”. “Eso se representa en el Estado. Se sigue desde la Constitución de la República hablando en masculino. Hoy estamos discutiendo el Código de las Familias (en vías de aprobación parlamentaria) y hemos descubierto más de 30 artículos que siguen con un enfoque machista”, agregó .

Aunque las mujeres en Cuba son el 60% de los graduados universitarios, según cifras oficiales, al momento de la inserción laboral tanto en el área estatal como en la privada suelen ir a los sectores menos remunerados -como la educación o la asistencia social-, explicó a AP la experta en temas de género e investigadora de la Fundación Rosa Luxemburgo, Ailynn Torres.

“En los 60 y 70 Cuba dio un salto muy grande en términos de lo que en ese momento se llamó la incorporación de las mujeres a la producción, al empleo formal”, manifestó Torres, pero en algún punto “se estancó”.

Actualmente sólo el 54% de las mujeres en edad de trabajar reportan una labor remunerada en Cuba. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo mostró que a nivel regional esa cifra es de 58% frente al 82% de la tasa masculina -una brecha de 24 puntos-, pero con cifras dispares por países: mientras en Guatemala o El Salvador la participación de las mujeres es del 39% y el 48%, respectivamente, en Uruguay y Perú está cerca del 70%.

El año pasado las autoridades aprobaron un Programa para el Adelanto de las Mujeres, una política con la cual el Estado cubano espera coordinar esfuerzos para prevenir la violencia y eliminar la discriminación, dándoles oportunidades.

Pero, entre otros factores el fenómeno está marcado por la sobrecarga doméstica que tienen las féminas y su lugar como cuidadoras ante cualquier contingencia familiar -hijos pequeños o ancianos a su cuidado-.

Además, en el caso de las emprendedoras cubanas, la tendencia a contar con un menor capital inicial y la ausencia de la aplicación real de los derechos laborales -como las licencias por maternidad- inciden en su baja inserción en el naciente sector privado.

Una política de créditos blandos o preferenciales, mayor formalidad en la aplicación del código de trabajo, prioridad para los sistemas de cuidado -guarderías, comedores, geriátricos- y una campaña comunicacional de concientización son algunas de las recomendaciones de Torres y con las que coinciden ampliamente las emprendedoras entrevistadas.

“Creo que acciones estatales conscientes y sistemáticas… son imprescindibles para garantizar la participación de las mujeres”, manifestó Torres.