
Durante años, padres, adolescentes, pediatras, educadores y delatores han defendido la idea de que las redes sociales son perjudiciales para la salud mental de los jóvenes y pueden conducir a la adicción, los trastornos alimentarios, la explotación sexual y el suicidio.
Por primera vez, jurados en dos estados de Estados Unidos se han puesto de su parte.
Un jurado determinó el miércoles en Los Ángeles que tanto Meta como YouTube eran responsables de los daños causados a los menores que usan sus servicios. En Nuevo México, un jurado concluyó que Meta perjudicó a sabiendas la salud mental de los niños y ocultó lo que sabía sobre explotación sexual infantil en sus plataformas.
Grupos de supervisión tecnológica, familias y defensores de los niños celebraron ambas decisiones.
“La era de la invencibilidad de las grandes tecnológicas ha terminado”, afirmó Sacha Haworth, directora ejecutiva de The Tech Oversight Project. “Tras años de manipulación por parte de empresas como Google y Meta, nuevas pruebas y testimonios han levantado el velo y validado los daños de los que jóvenes y los padres llevan años hablando al mundo”.
Aunque todavía es pronto para saber si los resultados de esta semana provocarán cambios fundamentales en la forma en que las plataformas de redes sociales tratan a sus usuarios más jóvenes, los dos fallos señalan un cambio de tendencia en la percepción pública contra las tecnológicas que podría derivar en más demandas y regulación. Durante años, han sostenido que los daños que sus plataformas causan a los menores son un mero subproducto, consecuencias involuntarias e inevitables de problemas sociales más amplios o de personas malintencionadas que se aprovechan de las salvaguardas. Se opusieron a la idea de que los daños psicológicos pudieran estar causados por el uso de redes sociales y restaron importancia a las investigaciones que mostraban lo contrario.
Aunque todavía es pronto para saber si los resultados de esta semana provocarán cambios fundamentales en la forma en que las plataformas de redes sociales tratan a sus usuarios más jóvenes, los dos fallos señalan un cambio de tendencia en la percepción pública contra las tecnológicas que podría derivar en más demandas y regulación. Durante años, han sostenido que los daños que sus plataformas causan a los menores son un mero subproducto, consecuencias involuntarias e inevitables de problemas sociales más amplios o de personas malintencionadas que se aprovechan de las salvaguardas. Se opusieron a la idea de que los daños psicológicos pudieran estar causados por el uso de redes sociales y restaron importancia a las investigaciones que mostraban lo contrario.



