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ROMA.- En medio de una gran preocupación después de los ataques en París y del temor a que algún “lobo solitario” o célula terrorista atente contra el máximo símbolo de la cristiandad, Francisco comenzó ayer el séptimo y más largo viaje internacional de su pontificado.

Después de haber estado en agosto pasado en Corea del Sur, ésta será su segunda visita a Asia, continente del futuro para la Iglesia Católica y trampolín hacia China, país con el que el Vaticano no mantiene relaciones y que está en la mira tanto de la diplomacia de la Santa Sede como de Jorge Bergoglio.

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El Papa había confesado su emoción en agosto cuando, desde la cabina, fue testigo de cómo su avión cruzaba el espacio aéreo chino (y el Vaticano enviaba a su jefe de Estado un telegrama protocolar), antes de llegar a Corea del Sur, iniciativa prohibida a Juan Pablo II años antes. Esta vez, el avión papal volverá a sobrevolar China al regresar desde Filipinas, segunda etapa de una visita que arrancará hoy en Sri Lanka y que durará ocho días, en los que el Papa por primera vez pronunciará sus once discursos en inglés.

Después de 9 horas y 40 minutos de vuelo en un Airbus A330 de Alitalia que partió ayer desde Roma, Francisco arribará hoy a Colombo, capital de la ex colonia portuguesa, holandesa y británica hasta 1972 llamada Ceilán. Sri Lanka es una isla del tamaño de Sicilia denominada “la perla del océano Índico” o “la lágrima de la India”.

Francisco llega en un momento de efervescencia política: hubo cruciales elecciones presidenciales adelantadas el jueves pasado, con un resultado inesperado. El candidato opositor, Maithripala Kumaratunga, le ganó al controvertido presidente Mahinda Rajapaksa -acusado de corrupción y autoritarismo-, que aspiraba a un tercer mandato.

Como Pablo VI hace 45 años y Juan Pablo II hace 20, el Papa visita Sri Lanka no sólo para alentar a la pequeña minoría católica, que representa el 7% de los 21 millones de habitantes. La gran mayoría del país es budista (65%), y también hay hindúes (18%) y musulmanes (entre 10 y 12%). El Pontífice, muy popular entre las diversas confesiones por su simplicidad, según contó a LA NACION el padre Prassad Harshan, párroco de la comunidad cingalesa en Roma, también llega para dar un mensaje de reconciliación.

Multicultural y multirreligioso, Sri Lanka acaba de salir de una guerra civil entre la mayoría cingalesa (budista) y la minoría tamil (hindú) que dejó 100.000 muertos. La guerra civil de 30 años terminó en 2009, cuando el ejército cingalés eliminó brutalmente a la resistencia tamil.

Además de declarar santo al beato José Vaz, un misionero católico del siglo XVII, justamente para llevar un mensaje de reconciliación a un país aún marcado por 30 años de conflicto, el Papa visitará mañana el santuario de Nuestra Señora del Rosario de Madhu, en el norte de la isla, que se vio atrapado en la guerra civil. “Será una señal muy fuerte”, dijo a LA NACION el padre Prassad, que destacó que la Iglesia Católica, aun siendo minoritaria, tuvo y tiene un rol muy importante en el proceso de reconciliación, ya que no sólo hay curas católicos cingaleses y tamiles, sino también fieles de las dos etnias.

“Tengo 35 años y soy un chico de la guerra. Crecí con el ruido de los bombardeos. Hoy ya no hay ruido de bombas, no hay una guerra física, pero las heridas siguen abiertas y que el Papa vaya al norte del país, al santuario de Madhu, que es una meta nacional, es un gran ejemplo”, señaló Prassad.

Al margen de la guerra civil, Sri Lanka también fue uno de los países arrasados por el tsunami de 2004, que dejó allí casi 31.000 muertos.

En ese sentido, después de dos días enteros en Sri Lanka, la segunda etapa del viaje del Papa, de tres días en Filipinas, donde llegará el jueves, será más que emblemática. En un escenario distinto, ya que se trata del gran país asiático de mayoría católica -el 85% de los 100 millones de filipinos es católico-, todos los reflectores estarán puestos en la visita que el sábado Francisco hará a la isla de Tacloban, golpeada en noviembre de 2013 por el tifón Haiyan. Con un saldo de 8000 muertos, 30.000 heridos, 15 millones de afectados y medio millón de casas destruidas, ése fue uno de los peores de la historia moderna. El Papa celebrará allí una misa, comerá con sobrevivientes e inaugurará un centro de ayuda financiado por el Vaticano.

Además, en Filipinas Francisco también tendrá un encuentro con jóvenes, familias y autoridades, y celebrará una “megamisa” al aire libre que muchos creen que superará el récord de cuatro millones de personas marcado en ese mismo lugar por Juan Pablo II, en 1995.

En medio al temor de atentados contra el Papa, nadie olvida que fue en Manila, en 1970, que Pablo VI sufrió un intento de asesinato. Al bajar del avión, un desequilibrado vestido de cura lo acuchilló dos veces en el pecho. No se sabe qué obstáculo providencial le salvó la vida: si la mano de su secretario don Macchi o el corsé que usaba contra la artrosis..

Francisco vuelve a Asia con su gira más extensa. Tras el viaje a Corea del Sur, durante ocho días visitará Sri Lanka y Filipinas; otra vez sobrevolará China