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(AP) — El pelotero más popular de los Mellizos de Minnesota es curiosamente el tercer cátcher en la nómina. Con su arrojo total, su versatilidad para desempeñarse en distintas posiciones y su estilo desenfadado, Willians Astudillo se ha ganado el cariño de compañeros y fanáticos por igual desde la temporada anterior, cuando debutó en las mayores.

Y el venezolano dará un paso más en su condición de ídolo incipiente este viernes, cuando los Mellizos enfrenten a los Orioles de Baltimore. El club repartirá camisetas que llevarán impreso el apodo de Astudillo, “La Tortuga” _así, en español_, entre fanáticos que compraron con antelación un paquete especial, que incluía la entrada para el juego.

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Se agotaron rápidamente los 3.000 boletos que estaban incluidos en la promoción, denominada “Una Noche con ‘La Tortuga’ en el Target Field”.

“¿Saben? Estoy agradecido por esto. Es bien satisfactorio saber que los fanáticos me dieran la bienvenida acá. Yo sólo sigo jugando duro”, dijo Astudillo recientemente. “Esto me enorgullece, esta popularidad. Es algo que no esperaba, pero está pasando, así que lo agradezco”.

Para un pelotero sustituto de 27 años que ha aparecido tan sólo en 43 encuentros de las Grandes Ligas y que siempre parece a punto de ser relegado a la Triple A si se mete en un bache con el madero, ser el tema de una gran promoción resulta un hecho inusitado. De hecho, hay un platillo que se expende en los establecimientos del Target y que está inspirado en Astudillo, “La Tortuga Torta”, un emparedado de jamón y queso.

A fin de elaborar este alimento, los Mellizos le preguntaron a Astudillo cuáles eran sus ingredientes favoritos, contó el propio receptor de la ciudad venezolana de Barcelona, quien sin embargo confesó que no ha probado el sándwich.

Astudillo tiene una estatura de 1,75 metros (cinco pies y nueve pulgadas), así como un peso de 102 kilogramos (225 libras). Sobra decir que su complexión robusta llama la atención, lo mismo que los largos rizos que sobresalen debajo de su casco y que se agitan cuando recorre las almohadillas.

Y por lo tanto, Astudillo tiene una imagen peculiar, de ésas que pueden convertir a un pelotero en favorito de los fanáticos. En septiembre, conectó un jonrón en la novena entrada, que dejó tendidos en el terreno a los Reales de Kansas City. Tres días después, anotó una carrera clave en las postrimerías de otro encuentro, una victoria sobre los Yanquis.

En aquella jugada, aceleró temerariamente desde la inicial, en un doblete entre el jardín izquierdo y el central, cuando había dos outs.

Entrevistado después por los reporteros, Astudillo dijo algo que resume su popularidad y que le ha ganado un lugar en la memoria de los seguidores de Minnesota, sin importar cuánto tiempo más permanezca con el primer equipo.

“Sólo quería demostrar que los gorditos también podemos correr”, dijo.

Aunque en fechas recientes Astudillo ha aceptado de buena gana su popularidad, al comienzo tenía dudas sobre si ello era conveniente. No quería que su imagen degenerara en la de una especie de mascota de una liga de sóftbol.

La realidad es que tiene condiciones atléticas. Es hábil con el guante. Ha jugado todas las posiciones, salvo la de campocorto, con el primer equipo de los Mellizos _sí, incluso la de jardinero central, durante su debut en las mayores en junio, frente a los Cachorros de Chicago.

En la era de los medios digitales, en que abundan las distracciones para los fanáticos y en que las mayores tratan de llamar la atención de las generaciones jóvenes, Astudillo ha encarnado a un héroe solitario capaz de dinamizar a su equipo.

Acumula 148 apariciones en la caja de bateo durante su carrera. Ha recibido apenas tres boletos y cuatro ponches. Difícilmente hay un pitcheo al que no le haga el swing, incluido uno en enero, durante un encuentro de la liga invernal de Venezuela. Con una rodilla en tierra, Astudillo conectó la pelota y la sacó del parque.

Y en esa pose, como si fuera El Pensador de Rodin pero con el bate apoyado en tierra, Astudillo contempló el vuelo de la esférica para dar la ventaja a los Caribes de Anzoátegui ante los Navegantes del Magallanes.

Astudillo jamás pasó por la Clase A con los Filis de Filadelfia, que lo contrataron en 2008. Pasó una temporada en las organizaciones de los Bravos de Atlanta y los Diamondbacks de Arizona, antes de encontrar la oportunidad con los Mellizos en el verano pasado. Está agradecido con su padre, quien jugó a nivel profesional en Venezuela, por el aliento y la confianza que le manifestó durante esos años difíciles.

“He trabajado mucho en el aspecto mental de este deporte, porque supongo que mucha gente no creía en mí, al considerar ‘es muy bajito, muy gordito y no lo logrará’”, comentó Astudillo. “Pero siempre he creído en mí mismo y aquí estoy”.