Mascarillas obstruyen la comunicación en las aulas

Hacer un pedido en una tienda llevando puesta una mascarilla y a 1,80 metros (6 pies) de distancia es difícil. Cómo será para quien intente dar clases en un aula llena de escolares con mascarillas y establecer un vínculo con ellos.

Los maestros en Estados Unidos que en tiempos normales confían en sus voces para transmitir matices de lenguaje y controlar la conducta en los salones tienen la tarea de no sonar raro al tiempo de protegerse y proteger a sus alumnos del coronavirus.

A fin de ayudarse a la comunicación con los estudiantes, los maestros han recurrido a mascarillas con parches transparentes frente a la boca e instalado burbujas de plexiglás dentro de las aulas para que puedan hablar sin las mascarillas, También han utilizado otros accesorios para transmitir sus sentimientos.

Stephanie Wanzer, maestra que trabaja con estudiantes de educación especial en el condado Fairfield, en Connecticut, utiliza en sus sesiones un puntero que tiene la imagen de una sonrisa.

“Intento de verdad ser expresiva con mis ojos. Quién me mire no tengo la certeza si piensa que estoy enojada o feliz porque no puede ver la sonrisa en mi boca”, afirmó. “Así que tengo la imagen de una sonrisa colocada en un puntero, lo cual es inusitado, pero también es una sonrisa, ‘miren, estoy sonriendo’”.

Las clases comenzaron virtualmente para el maestro Jon Resendez, en Irvin, California, a quien preocupa cómo afectará el uso obligatorio de las mascarillas la dinámica en sus clases de educación cívica para 12mo grado con algunos estudiantes que están regresando al edificio escolar.

“Parte de lo que hago como maestro de educación cívica es enseñar a las personas a entablar conversaciones ciudadanas”, apuntó. “Eso está relacionado con ver las expresiones faciales de las personas, el lenguaje corporal de las personas y por decirlo así entender a tu auditorio, y se dificulta más entender al auditorio” cuando todos tienen mascarillas puestas.

También será más difícil para los estudiantes colaborar, hacer presentaciones y hablar con otros en la clase.

“Me gusta escuchar un murmullo débil en el aula porque si los estudiantes están conversando, están pensando”, afirmó.

La tarea es especialmente difícil para quienes trabajan con estudiantes sordos, que no escuchan bien o cuyo idioma no es el inglés.

“Para empezar, la mascarilla puede amortiguar algunos sonidos, dificultando a los estudiantes de inglés distinguirlos, como los sonidos ‘p’ y ‘b’”, dijo Deborah Short, presidenta de la Asociación Internacional TESOL. Este grupo con sede en Virginia fue creado para unir a maestros y administradores interesados en la enseñanza del inglés a quienes hablan otros idiomas.

“Una mascarilla impide los estudiantes observar cómo un profesor crea los sonidos, como posiciona los labios y la lengua y si el aire es exhalado o no”, agregó.

Short dijo que los maestros pueden mitigar esas limitaciones hablando alto y articulando bien. También pueden utilizar videos e imágenes para “mostrar cómo se pueden producir los sonidos”, dijo.

Algunas escuelas han ordenado el uso de protectores faciales o mascarillas con ventanitas para que los estudiantes puedan ver las bocas de los maestros, aunque ha habido quienes han manifestado preocupación de que se empañen las pantallas de plástico.

Wanzer dijo que una colega utilizó una mascarilla de ese tipo para trabajar con un estudiante que tenía discapacidad auditiva, quien señaló que hacía parecer a la maestra como el Joker y era innecesaria. La maestra estuvo contenta de no utilizarla, dijo, porque el material plástico era muy incómodo.

Sin embargo, maestros y escuelas han impulsado un incremento en la demanda de mascarillas transparentes de compañías como ClearMask, con sede en Baltimore, que comenzó a producir ese producto distintivo en 2017 después de que su cofundadora, que es sorda, no pudiera comunicarse eficazmente cuando era operada porque utilizaba una mascarilla tradicional. El equipo fabricante de la compañía ha crecido de cuatro empleados a más de 250 desde el inicio de la pandemia.

“Vemos una gran necesidad de que la educación inicial para la infancia apoye el desarrollo social, emocional y del lenguaje de los niños chicos, así como de programas específicos para los alumnos”, dijo la cofundadora y presidenta de ClearMask, Allysa Dittmar.

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Los periodistas de The Associated Press, Michael Melia, en South Windsor, Connecticut, y Thalia Beaty, en Nueva York, contribuyeron a este despacho.

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