Nuevas tonalidades

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Si alguien me preguntara en términos profesionales qué es lo que considero que soy, buscando en lo más profundo de mi espíritu, tendría que contestar: soy un músico. Esa contestación sería la más honesta. Y es que los verdaderos músicos escuchamos diariamente las tonalidades del mundo que nos rodea. Son esas tonalidades las que se manifiestan para convertirse en los colores que matizan una canción, un poema, una interpretación.

Acabamos de vivir como nación un período de cinco años de estridencia. Comenzó cuando Mister Trump bajo aquellas escalinatas eléctricas y desbarró contra los hermanos mexicanos, tildandolos de traficantes de drogas, criminales y ultrajadores.

Ganó las elecciones de 2016 apoyado por una supuesta derecha evangélica que no tolera la igualdad de derechos y oportunidades que, tanto la democracia como la filosofía cristiana prometen y garantizan, sino que la encajonan dentro del concepto del socialismo. Sin embargo, esa misma secta intolerante, permitió que Trump, acusado de acoso sexual por decenas de mujeres, obtuviera sus votos y apoyo.

En los siguientes cuatro años, durante la presidencia de este señor, imperó la estridencia en nuestra convivencia social y nuestros ideales y conceptos partidistas. La supremacía blanca, la manifestación y práctica del racismo y la intolerancia y el abuso policiaco contra los negros y otras minorías se convirtieron prácticamente en uno de los temas del día…todos los días.

Mientras el ejecutivo hacía de las suyas contra todo orden previamente establecido en nuestra convivencia democrática, veíamos desmoronarse el respeto a las leyes, a la justicia y a la igualdad que garantiza nuestra Constitución.

La falta de liderato a nivel nacional causó que ya hoy, las muertes a causa del COVID-19 superan los cuatrocientos mil en la nación. Se han perdido más vidas en esta crisis de salud que vidas norteamericanas producto de la Segunda Guerra Mundial.

No fue hasta que, incitados por Trump y sus acólitos, las fuerzas soberanistas blancas, nativistas, fascistas, intolerantes y supremacistas invadieron en un acto de sedición el Capitolio de los Estados Unidos con la intención de detener la certificación oficial de Joe Biden como próximo presidente de los Estados Unidos, que un grupo casi minúsculo de senadores y representantes a la Cámara por fin se atrevió a condenar las acciones y actitudes que, por más de dos meses elevaron aun más la estridencia política y social en que ya vivíamos.

El 20 de enero de 2021 nuestra democracia volvió a dar señales de vida.

Donald J. Trump faltando a la tradición y a la historia abandonó la Casa Blanca rumbo a Mar A Lago en Florida a las 8:10 de la mañana.

El aire se respiró más puro desde ese momento y todos los que pudimos seguir por televisión los sucesos que acontecieron durante todo ese día y esa noche comenzamos a escuchar nuevas tonalidades de vida. Se habló de paz, de respeto, de unidad y de decencia independientemente de que tengamos diferencias de criterio. El sol de la tolerancia comenzó a despuntar sobre nosotros. La democracia sobrevivió nuevamente.

Trabajemos juntos, al final del día… es la nación de todos.