Revalidación… o no

Una de las características de excelencia que definen nuestra democracia es que nos permite, cada cuatro años, decidir con nuestros votos si la persona que ocupa la presidencia de la nación, debe o no revalidar su mandato por un período adicional.

El 3 de noviembre de 2020 nos toca tomar esa decisión como pueblo libre.

Hace ya varios días que a través del voto adelantado, hemos comenzado a tomar esa decisión de futuro.

Tenemos que ejercer la responsabilidad de emitir nuestro voto. Es la única manera en que podemos participar en la toma de decisiones que afectan, tanto nuestro diario vivir, como nuestras relaciones con el resto del mundo.

Durante los primeros tres años de la presidencia de Trump hemos visto señales de decadencia y atraso en asuntos relacionados con las relaciones de excelencia que habíamos mantenido por décadas con nuestros aliados. Ahora nos hemos convertido en el amigo desconfiable y muchas veces en el hazmerreír del mundo libre, especialmente cuando nuestro presidente muestra preferencias por líderes tiránicos y dictatoriales sobre aquellos que defienden las libertades y los derechos humanos.

Si lo dejáramos, es posible que ya Trump se hubiese convertido en un dictador… miren que lo ha intentado varias veces y ha sido detenido en seco por nuestros tribunales.

Su abuso de las leyes contributivas en su propio beneficio demuestra su falta de compromiso personal en cuanto al progreso común que necesitamos para continuar creciendo como pueblo, tanto en términos sociales, como económicos y políticos.

Su falta de liderazgo en medio de la pandemia del COVID-19 ratifica, no sólo su falta de empatía por los demás, sino sus déficits emocionales y de conciencia pública cuando decide mantenernos ajenos a la gravedad del virus y a las formas y maneras de minimizar el contagio. Los contagiados en nuestra nación ya superan los siete millones y medio y los muertos pasan de doscientos mil. Ante este cuadro fatídico, Trump se auto felicita diciéndonos que él hizo todo lo que había que hacer correctamente y de una manera fabulosa.

Ante las condiciones de carácter pre-existentes que pudiera dejarnos la pandemia, la administración Trump, en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, continúa intentando descuartizar el plan de salud costeable de Obama, el cual constituye hoy por hoy, la única alternativa de salud para la clase media y pobre del país. Trump, a su vez, continúa ofreciendo un “plan de salud mejor” pero… nadie sabe nada de ese plan, incluyendo al mismo Trump, que no ha podido explicarlo.

A esto, añádale el crecimiento desmedido de las organizaciones que abogan por la supremacía blanca, las cuales Trump se niega a condenar; el racismo sistémico que arropa la nación, especialmente entre algunos sectores de las agencias policiacas del país y los esfuerzos por dificultar la expresión democrática del voto a las minorías.

¿Debe Trump revalidar como presidente de esta nación? ¡NO!

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