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Otras 147 personas resultaron heridas en el ataque el martes en la terminal aérea de Ataturk, que las autoridades turcas sospechan fue obra de Estado Islámico.
Al menos 41 personas murieron y 239 resultaron heridas el martes en un ataque suicida en el concurrido aeropuerto Ataturk de Estambul, que se suma a una serie de atentados con bomba en Turquía en los últimos meses. Las autoridades turcas señalaron al grupo Estado Islámico como el autor más probable del ataque.

El primer ministro, Binali Yildirim, dijo que también perdieron la vida los tres atacantes suicidas, que llegaron al aeropuerto en un taxi y se inmolaron tras hacer varios disparos.

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El tráfico aéreo volvió a la normalidad esta mañana en la terminal, la tecera de más movimiento en Europa, afirmó el primer ministro en una comparecencia. “Nuestro aeropuerto está abierto a vuelos y salidas desde las 02:20 (hora local) en adelante”, precisó.

Había varias descripciones contradictorias del suceso.

Un funcionario turco señaló que las autoridades estaban revisando las imágenes de los videos de seguridad y analizando las declaraciones de los testigos para establecer una línea temporal preliminar y los detalles del ataque. “Es un rompecabezas”, dijo el funcionario, que habló bajo condición de anonimato en línea con las prácticas del gobierno.

Según el periódico Haber Turk, un agresor se había inmolado fuera de la terminal, y después otros dos dispararon hacia la zona donde están las máquinas de rayos X del control de seguridad. Un agresor fue baleado cuando corría entre los pasajeros que huían y después se inmoló en la salida. El tercero subió un piso a la terminal de salida, fue baleado por la policía y se inmoló, indicó el periódico.

Imágenes tomadas por las cámaras de seguridad del aeropuerto, que circulaban por medios sociales, mostraban el momento de una de las explosiones, que se veía como una enorme bola de fuego mientras los pasajeros huían aterrados. Otra escena parecía mostrar a un agresor, que se inmoló unos segundos más tarde de caer alcanzado por disparos de un agente de seguridad.

Turquía forma parte de la OTAN y es un socio clave de la coalición que lidera Estados Unidos contra el grupo EI. Los atentados en su territorio han aumentado en escala y frecuencia en los últimos meses, una oleada que ha ahuyentado a turistas y golpeado a la economía del país, que depende considerablemente del turismo.

Mientras amanecía el miércoles sobre la terminal destruida, equipos de trabajadores empezaron a retirar los escombros dejados por el ataque. El aeropuerto reabrió parcialmente, aunque la zona de llegadas internacionales seguía cerrada y varios vehículos de emergencias permanecieron en el lugar en medio de una intensa presencia policial. En el interior, un panel informativo mostraba cancelaciones en un tercio de los vuelos previstos y retrasos en otros trayectos.

Durante la noche, los cientos de pasajeros que habían huido del aeropuerto se quedaron sentados en el pasto en el exterior. Las ambulancias iban y venían, y vehículos de seguridad rodeaban el lugar.

Adam Keally, de Boston, dijo haber oído disparos y después varias explosiones. Más tarde vio gente “muy malherida”, señaló.

Hevin Zini, de 12 años de edad, acababa de llegar con su familia de Dusseldorf, Alemania, y lloraba por la conmoción.

“Había sangre en el piso”, dijo Zini a The Associated Press. “Todo quedó hecho pedazos… Si hubiéramos llegado dos minutos antes, podríamos haber sido nosotros”.

En declaraciones a la prensa en el aeropuerto, Yildirim dijo que todos los indicios iniciales apuntan a que el grupo Estado Islámico estaba detrás de los hechos.

“Los hallazgos de nuestras fuerzas de seguridad apuntan hacia la organización Daesh como los perpetradores de este ataque terrorista”, afirmó Yildirim. El funcionario utilizó el nombre árabe del EI. “Aun cuando los indicios apuntan hacia Daesh, prosiguen nuestras investigaciones”.

Otro funcionario turco dijo que dos de los atacantes habían detonado sus explosivos a la entrada de la terminal de llegadas internacionales después de que la policía disparara contra ellos y que el tercero se inmoló en el estacionamiento.

El funcionario, que también solicitó el anonimato de acuerdo con las normas del gobierno y citó información del Ministerio del Interior, dijo que ninguno de los atacantes logró pasar los puestos de seguridad en la entrada de la terminal.

Turquía comparte largas y porosas fronteras con Siria e Irak, países sumidos en la guerra y donde el grupo EI controla amplias extensiones de territorio. Las autoridades han acusado al grupo extremista de varios atentados importantes en el último año, que han golpeado la capital, Ankara, y a turistas en Estambul.

Turquía ha redoblado la seguridad en sus aeropuertos y fronteras terrestres, además de deportar a miles de combatientes extranjeros, pero ha tenido problemas para afrontar la amenaza de milicianos del grupo armado al tiempo que realiza una gran campaña militar contra rebeldes curdos, a los que también se ha acusado de ataques recientes.

La devastación en el aeropuerto de Estambul sigue al atentado de marzo contra el aeropuerto de Bruselas, donde dos atacantes suicidas destrozaron los mostradores de facturación y mataron a 16 personas. El grupo EI reclamó la autoría de ese ataque, así como de la posterior explosión en el metro de Bruselas, donde murieron otras 16 personas.

Los aeropuertos turcos tienen puestos de seguridad a la entrada de los edificios de las terminales y después en la entrada de las puertas de embarque.

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