Un discurso claro y sencillo

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La primera comparecencia del presidente a Joseph Biden ante el Congreso para expresarse acerca del Estado de la Nación y delinear sus proyectos y propuestas de futuro fue presentado, como dicen en el campo en términos de “arroz y habichuelas”.

Hubo ciertas cosas que, a lo sumo, nos deben poner a pensar profundamente en cuanto a la manera en que debemos enfrentar los retos del Siglo XXI.

El primer gran contraste de su discurso fue la ausencia total y absoluta de improperios contra su oposición política. Esto constituye un gran paso para lograr la unidad nacional en un momento en que nuestras divisiones internas podrían hasta superar las divisiones ideológicas que tenemos con nuestros adversarios a nivel internacional. Mientras nos envolvemos unos contra otros en la “pelea chiquita”, le hemos venido dejando el campo libre a los autócratas que gobiernan en China, para que adelanten sus causas económicas en el mundo y en Rusia para que ataquen internamente nuestras las instituciones que engrandecen y garantizan nuestra convivencia democrática.

Los logros de esta administración en apenas 100 días son innegables. Hemos detenido el ritmo de contagio y el margen de mortalidad de la pandemia del COVID-19 a la vez que ya hemos vacunado masivamente a más de doscientos millones de ciudadanos

La ayuda económica que fue aprobada desde marzo empieza, no solo a estabilizar la economía familiar de millones, sino a inyectarle estímulo a la economía nacional y a los pequeños y medianos negocios.

El proyecto de futuro del presidente está fundamentado en redirigir las metas de nuestro crecimiento económico para favorecer a la familia, la educación y para mejorar y poner al día nuestra infraestructura, de modo que podamos nuevamente competir en los mercados internacionales, como lo hacíamos en el pasado.

Biden nos habló, no solo del terrorismo que nos amenaza a nivel internacional, sino del terrorismo interno, activado y dirigido por los movimientos que propulsan la soberanía blanca, cuyas acciones hemos venido minimizando. Esta falta de cuidado y despreocupación ha comenzado a costarnos caro, especialmente cuando ha causado profundas divisiones en nuestra convivencia democrática, a la vez que ha confundido los derechos y valores que han engrandecido y sostenido nuestro modo de vida.

En la desunión de propósito que hoy padecemos, le obsequiamos a estos elementos internos y externos la tierra fértil que necesitan para seguir creciendo y dañando nuestro entorno individual y nacional.

Es también en ese entorno de terrorismo interno que se tratan de justificar el racismo y la intolerancia que luego penetran nuestras fuerzas de la ley y el orden y causan los daños que hemos venido experimentando a través de los años. Esto no es nuevo, hermanos, pero es el resultado de haber permitido de manera despreocupada, el crecimiento de estos males.

Queda mucho por hacer. Es mi esperanza que el llamado a la unidad resuene a través de toda nuestra nación y nos ponga en posición de enfrentar los grandes retos del futuro.