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Bryce Harper habría rechazado una oferta de 300 millones de los Nacionales de Washington para seguir en la capital del país por las próximas diez temporadas.

¡300 millones! Este mundo se ha vuelto loco.

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Según el agente de Harper, el poderoso Scott Boras, su cliente andaría buscando un pacto de 400 millones y alrededor de 14 campañas.

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¿Vale en realidad tanto dinero? Por ahora lo valdrá desde el momento en que un equipo tenga la necesidad imperiosa de contratarlo y la disposición de pagar semejante cifra.

No importa si los hechos demuestran que esos acuerdos por tanto tiempo terminan siendo a la larga un fardo demasiado pesado de cargar y que en muchos casos comprometen el futuro sostenible de la franquicia que los concede.

¿Recuerdan cuando los Vigilantes de Texas dispararon el mercado con aquellos 252 millones a Alex Rodríguez?

Al final tuvieron que canjearlo a los Yankees de Nueva York, que se hizo cargo del acuerdo, porque tenían tanto dinero comprometido en un solo pelotero, que no podían comprar las otras piezas que necesitaban para formar un equipo competitivo.

Durante los primeros años todo es luna de miel, pero basta con que el pelotero entre en su lógica curva de descenso para que empiece a doler cada cheque que hay que pagarle.

A esta hora, Angelinos de Los Angeles, los Tigres de Detroit y los Marineros de Seattle deben estar arrepentidísimos de los megacontratos que les dieron a Albert Pujols, Miguel Cabrera, Prince Fielder y Robinson Canó.

Sobre todo en el caso de Fielder, que tuvo que retirarse a los 31 años, cuando el cuerpo dijo no más y todavía le quedaban tres temporadas del contrato de 214 millones por nueve campañas que firmó en el 2012.

Lo mismo pasará con Giancarlo Stanton cuendo empiecen a caerle los años y las lesiones vengan con más frecuencia.