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Poco más de siete minutos y unos pocos golpes a las zonas blandas de su rival, Rocky Fielding, le bastaron a Saúl “Canelo” Alvarez para ganar su tercer cinturón de campeón mundial en tres divisiones diferentes. La estadística ya lo coloca en un selecto grupo de tricampeones mexicanos. Sin embargo, la realidad de lo que se vio en el Madison Square Garden, hay que interpretarla con otros ojos.

No hubo pelea, no hubo rival, no hubo nada para para celebrar y se discutirá hasta el infinito si ese cinturón, que no defenderá, efectivamente lo convirtió en tricampeón mundial.

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Pero la penosa exhibición boxística a la que nos condenó la insípida actuación de Rocky Fielding, puede tener otras consecuencias graves, que no se ven, pero que necesariamente hay que incluir en el recuento de los daños.

Una de las mayores expectativas, es que la batalla Alvarez-Fielding era una suerte de puntapié inicial a la “era del streaming”. Y ese detalle involucra a todo, absolutamente a todo el negocio del boxeo.

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Pero vayamos por partes. El paupérrimo espectáculo boxístico merece una disección cuasi quirúrgica. Son varios ángulos, este error cometido al elegir a Fielding tiene muchas facetas. Ya no se trata apenas de una pelea olvidable. En absoluto, esta es una equivocación seria que necesita ser asumida por alguien.

LA PELEA QUE NO VIMOS
En la semana previa a este combate y por primera en la historia, todos los analistas de ESPN coincidimos en un vaticinio: ganaría Canelo por KO. La unanimidad fue contundente. No había escapatoria posible para un rival como el británico, que, a sus obvias limitaciones boxísticas, sumaba el esperado miedo escénico y la presión de su inesperado protagonismo, para colmo, enfrentando a quien consideraba su ídolo.

Sin embargo, el boxeo tiene en su historial muchas historias parecidas, de pugilistas casi desconocidos que de la noche a la mañana aterrizan en un gran evento y aparece en su ADN la rebeldía que puede llevarlos de víctima elegida a victimario indeseado. En mi caso, abrigaba esa esperanza y hasta me permití especular sobre esa remota posibilidad de una sorpresa. Así fuera para que todos pudiéramos disfrutar de una buena pelea de boxeo.

Rocky Fielding coloca la rodilla en la lona tras un golpe recibido en la zona media y esboza una curiosa sonrisa
Pero no fue así, todo aquello que nos hacía presumir la lógica ocurrió. Peor que eso, fue superada incluso esa previsión, Fielding subió derrotado como si respetara un guion previo, a esperar el golpe que le permitiera poner la rodilla en la lona.

Cuando lo hizo una y otra vez, miró a Canelo con una sonrisa ¿Nervios? Sí, seguramente el lenguaje gestual fue un reflejo de su estado emocional. Lo real, es que de su actuación esperábamos no se cumplió. Utilizar su mejor alcance para establecer una distancia, enviar golpes largos por la zona central a la barbilla de su rival o abanicar con alguna de las dos manos tratando, así fuera, de incomodar a Canelo.

El mexicano no tuvo que hacer mucho, fue un tibio y breve sparreo, que remató con un par de golpes a las costillas y finalizó con otro a la parte alta. Fin del show. Ante un rival que no provocó riesgos, que no obligó a ensayar planes defensivos y ofensivos, que apenas fungió de actor ayudante, es imposible comentar, analizar, evaluar y menos celebrar la actuación del mexicano. No hubo pelea.

LA PELEA SIN HISTORIA
En una de mis notas recientes, abordé el más urticante de los temas alrededor de este combate: el valor del cinturón que Rocky Fielding perdería este sábado. Por méritos, por historia reciente y porque a este mismo Fielding lo noqueó en el primer asalto de la pelea entre ambos, el verdadero y legítimo campeón AMB de las 168 libras es otro inglés: Callum Smith.

Se podrán colocar decenas de alegatos que digan lo contrario sobre la legítimidad de uno u otro cinturón, pero la realidad hoy es contundente e imposible de desacreditar: Smith es campeón y Fielding no es campeón ni nunca lo fue. Tal vez y apenas, un boxeador regular que un día se encontró con una corona secundaria que perdió en su primera defensa.