Día de Reyes

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Hoy,  6 de enero del 2021 escribo estas líneas.

En Puerto Rico, el Día de Reyes, culturalmente es el día más importante de nuestra celebración navideña, la Epifanía del Señor, cuando tres magos de Oriente, Gaspar, Melchor y Baltazar visitaron y adoraron al niño Jesús en el pesebre obsequiándole oro, incienso y mirra.

En un establo, “entre la mula y el buey”, rodeado del hedor de excremento animal y sobre una cuna de humildes pajas, nació el Salvador del Mundo.

Recuerdo de niño las “reyadas” familiares en las que participé. Comenzaban el 5 de enero, víspera de reyes y terminaban a la medianoche del 6 de enero.

Este pasado día cinco de enero en el estado de Georgia se llevó a cabo una segunda vuelta o elección de desempate, para determinar quienes serían los dos senadores que representarán a ese estado en el Senado Federal de los Estados Unidos.

Según las leyes electorales de Georgia, los senadores deben ser electos por más del cincuenta por ciento del voto popular. No habiendo ocurrido esto en las elecciones, hubo que llevar a cabo una elección especial para cada una de las dos candidaturas entre los contendientes. En este momento, mientras escribo, ambos candidatos demócratas llevan la delantera en el proceso. De ganar, el partido demócrata habrá de controlar el senado por los próximos dos años, quizás los próximos cuatro.

Georgia se puso de pie para rechazar la ineficiencia del Senado para resolver los problemas de nuestro pueblo, especialmente los problemas de los pobres y la clase media trabajadora.

Pero ese Día de Reyes también tuvo sus complicaciones.

Previo a la convocatoria de ambas cámaras para cumplir con el requisito de confirmación de los resultados del Colegio Electoral, Míster Trump habló frente a un grupo de manifestantes que se congregaron para apoyarlo, incitando a la gente a que marcharan por la Avenida Pennsylvania hasta el Capitolio y allí llevarán a cabo una protesta masiva.

Los manifestantes no solo marcharon hasta el Capitolio, sino que irrumpieron en el mismo, lo penetraron, rompieron ventanas y equipo y violentaron de mil maneras la santidad de ese recinto. Se transmitieron visuales de protestantes destruyendo propiedad pública y ocupando los espacios de oficinas de los representantes del pueblo, sin mostrar ningún tipo de respeto por el liderato legislativo. Eran los matones de Trump… no hay de otra.

En ningún momento durante este ataque a nuestro Capitolio vimos una respuesta policiaca equivalente a la que ocurrió durante manifestaciones populares en apoyo a la igualdad social necesaria para combatir el racismo y el abuso del poder. A esos le tiraron con todo… a estos les dejaron hacer prácticamente lo que les dio la gana. ¡Que nos está pasando!

Me imagino que el lema de ‘make America great again” terminó de perder cualquier tipo de seriedad y validez tras estas demostraciones, incitadas por el “mero mero” presidente saliente de la nación.

No hay excusa alguna de ninguna fuente y menos de Trump para justificar lo que sucedió ese Día de Reyes.

La orden que dio Trump a sus huestes blancas a que cometieran actos de sedición y traición contra el liderato electo de la nación debe ser motivo suficiente para que se inicie contra él un nuevo procedimiento de residenciamiento (impeachment). La evidencia de sus actos está clara, en vivo y a todo color.

No importa que solo faltan catorce días para que termine su mandato, hay que garantizar que este señor nunca, jamás, en ningún momento futuro pueda ocupar una posición en nuestro gobierno.

Mientras tanto, el resto del mundo está mirando nuestra “grandeza”.