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El Departamento de Defensa de Estados Unidos informó hoy que está “explorando oportunidades en 2019” para el desfile militar que pidió el presidente Donald Trump y que estaba previsto para noviembre, coincidiendo con el Día de los Veteranos.

La decisión de aplazarlo llegó el mismo día en el que se filtró a medios estadounidenses que el coste del desfile ascendía a $92 millones de dólares, más de lo presupuestado inicialmente, aunque el Pentágono no ofreció una explicación oficial para el retraso.

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“El Departamento de Defensa y la Casa Blanca han estado planeando un desfile en honor a los excombatientes de EEUU (…) originalmente elegimos el 10 de noviembre de 2018 para este evento pero ahora hemos acordado explorar oportunidades en 2019”, dijo en un comunicado el Pentágono.

Por su parte, el secretario de Defensa James Mattis, rechazó de plano las informaciones sobre la posibilidad de que el presupuesto para el desfile se haya disparado hasta los $92 millones de dólares.

“No he visto ninguna estimación por ese dinero y veo todos los presupuestos que pasan por el Pentágono”, declaró el secretario de Defensa al grupo de periodistas que le acompaña en su gira por Sudamérica, minutos antes de aterrizar en su avión oficial en Bogotá.

De hecho, los desfiles militares a gran escala en Estados Unidos son algo poco habitual y reservados a celebraciones postbélicas.

Los hubo después de la guerra civil estadounidense, en 1865; una vez finalizada la Primera Guerra Mundial en 1919 y también en 1946, después de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando EE.UU. retiró sus tropas de Irak en 2011, el Gobierno de Barack Obama no quiso organizar un desfile porque la guerra de Afganistán seguía su curso y había vidas estadounidenses en riesgo.

Tampoco los hubo después de las guerras en Corea y Vietnam, ya que Estados Unidos no salió vencedor de esos escenarios.