La esperanza en el Año Nuevo

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Me da alegría compartir con ustedes de nuevo en estos días de Navidad. Como les he explicado, ha sido un gran don para nosotros en el seminario que varios de nuestros seminaristas estén contribuyendo a esta columna que me tocaba a mí solo antes de mi nombramiento como Rector del Seminario Regional de San Vicente de Paúl en el verano del 2020.

Le invito que oren de una manera muy especial por el nuevo Diácono Enzo Rosario-Prendes, que ha coordinado a sus hermanos este año para esta tarea, el cual fue ordenado diácono en Miami el 18 de diciembre. Dios mediante en mayo será ordenado sacerdote para la Arquidiócesis de Miami.

Recuerdo mi primer Año Nuevo como Párroco de la Parroquia Santa Juliana, hace ya 22 años. Había tantas preocupaciones, mezcladas con esperanzas, mientras se acercaba la llegada del año 2000.

Fue mi propósito en esa ocasión ayudar a mis feligreses a experimentar con gozo y con esperanza ese Año Nuevo, poniendo a un lado las preocupaciones, para experimentar la alegría que el Señor nos quería dar a todos.

En esa ocasión pudimos hacer que éste fuera un tiempo especial de oración, izando la bandera del Jubileo en Nochebuena, y comenzando la tradición de recibir la Bendición con el Santísimo a la medianoche del 31 de diciembre, algo que sigue siendo tradición en Santa Juliana casi un cuarto de siglo después.

Al comenzar este fin de semana un nuevo año, le pedimos a Dios que nos proteja y nos colma de bendiciones.

En el año 2000, nos hubiera sido difícil imaginarnos los grandes dolores que hemos experimentado en las primeras décadas del siglo XXI.

En 2001 cayeron las Torres Gemelas de Nueva York. Ha habido guerras en Afganistán e Irak, y muchos otros países han sufrido revoluciones y guerras civiles. Ha habido crisis económicas, en particular afectando a las familias de inmigrantes.

La división política en los Estados Unidos parece ser peor que nunca. Y la Iglesia, lastimosamente, no ha sido exenta de escándalos ni de divisiones.

¿Y qué decir del COVID-19, del cual hace dos años casi ninguno de nosotros había oído nada?

Si consideramos los eventos que han hecho temblar nuestra nación y el mundo, o los problemas que han abatido la Iglesia, o las sencillas preocupaciones que cada una de nuestras familias ha tenido que enfrentar, la vida de hoy puede parecer mucho más confusa que aparecía hace 22 años.

Puede ser difícil discernir la esperanza en el futuro. A la misma vez, deberíamos poder recordar momentos de gran bendición.

¿Cómo olvidarnos del gran momento de gozo y tristeza entretejidos al despedirnos del gran Papa Juan Pablo II y comenzar el pontificado de Benedicto XVI, en 2005?

¿Cómo no recordar la bella visita que hizo el ahora Papa Emérito a nuestras tierras en 2008, trayéndonos un gran mensaje de esperanza?

¿Cómo no recordar la visita del nuevo Pontífice, el Papa Francisco, invitándonos a seguir “siempre adelante” como el santo que él canonizó en Washington, San Junípero Serra?

¿Cómo olvidarnos del gran gesto de oración lleno de esperanza y confianza del Santo Padre el 27 de marzo de 2020, cuando oró por el mundo en la Plaza San Pedro, solo pero acompañado por el mundo entero que lo miraba?

¿Cómo olvidarnos de los maravillosos regalos del amor de Dios que se nos ha ofrecido a nosotros y a nuestras familias todos los días, sobre todo el don de Jesús, a quien adoramos en estos bellos días de Navidad?

Al comenzar un nuevo año, de nuevo experimentamos preocupaciones y esperanzas. Les invito a orar como hicimos en mi antigua parroquia hace 22 años y siguen haciendo todavía.

Mi oración para cada uno de ustedes y para sus familias es la de la bendición de Aarón, que oímos en la Misa de la Solemnidad de María, Madre de Dios, el 1º de enero:

“El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda tu favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz”.

¡Feliz Año Nuevo a todos!