Advertisement

Bienvenidos al mundo de los Miami Yankees.

Unos 60,000 mil aficionados acudieron al Marlins Park de la Pequeña Habana para recibir en una miniserie interligas de dos juegos al equipo deportivo más famoso del mundo.

Advertisemen

Fue como si, de pronto, el Yankee Stadium, la Catedral del Beisbol, hubiera sido transportada al sur de la Florida y fueran los Marlins quienes fueran los visitantes en su propia casa.

Regresó la vida a un parque donde en 2018, a duras penas la concurrencia pasa de 7,000 asistentes, aunque el 90 por ciento de los presentes llevaba alguna prenda con el emblemático logo “NY”, diseñado por el joyero Louis Tiffany en 1877 y adoptado como propio por la franquicia neoyorquina en 1905.

Por los pasillos del Marlins Park pululaban las gorras y camisas de los Yankees con números de jugadores actuales como el 27 de Giancarlo Stanton y el 99 de Aaron Judge, hasta los legendarios 3, 4, 5 y 7 de Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio y Mickey Mantle, respectivamente.

Y, por supuesto, el que más abundaba era el 2 de Derek Jeter, “El Capitán”, devenido por esos avatares de la vida, en propietario de los Marlins.

Al menos públicamente, a Jeter no se le vio por el parque, quizá por algún conflicto de intereses entre su mente y su corazón.

Los Yankees jugaron como locales y los Marlins como visitantes, algo que posiblemente sólo ocurre en Miami, ciudad que hace 60 años era apenas un pequeño pueblo y que sólo desde hace 25 tiene su propia franquicia.

Cuando los Marlins llegaron a Miami en 1993, ya muchos equipos –sobre todo los Yankees—eran dueños de los corazones de los aficionados y cambiar las pasiones de un equipo a otro es difícil.

Después de casi cinco meses de temporada en silencio, el Marlins Park cobró vida, aunque sólo fuera por 48 horas y para aplaudir y vitorear cada acción del equipo rival.