Navidad es Amor

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Se acerca la Navidad, la celebración cristiana del nacimiento en Belén de Judea del niño Jesús, quien crecería en espíritu y en verdad para convertirse en el Cristo cuya filosofía estamos obligados a seguir aquellos que nos proclamamos cristianos y como tales, hijos de Dios.

La filosofía que nos enseña nuestro Señor Jesucristo a través de toda su prédica es la del amor.

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”… Este es el primero y más grande mandamiento.

“El segundo, semejante a éste, amarás a tu prójimo como a ti mismo”

Mis queridos lectores: en ese resumen que hace Jesús de la ley de Dios, no hay lugar para dudas, no hay margen para confusiones… hay perfecta y meridiana claridad.

Se me antoja pensar que en estos días de celebración cristiana, interrumpidos en gran manera por el mercadeo, la fiesta y el consumismo, debiéramos separar unos momentos para el análisis serio y sosegado acerca de qué y cómo podemos, cada uno, hacer una contribución que propicie el amor a Dios y a nuestro prójimo.

Nos preciamos de ser una nación cristiana, una sociedad civilizada donde impera la justicia y donde todos somos “iguales” ante Dios y ante la ley pero: ¿nos tratamos los unos a los otros realmente así?

Vive tan engañada nuestra alma cristiana y comunitaria que no se da cuenta que, con nuestros actos y nuestros instintos formativos, estamos contribuyendo a que nuestra nación esté cada día más dividida y en peligro de perder lo que realmente nos hace grandes y diferentes.

Comencemos a amarnos, a respetar nuestras diferencias de criterio, a compartir ideas con honestidad, a medirnos como seres humanos dignos.

Vamos a ayudarnos, a reconocer las necesidades del hermano, del vecino, aun de quienes no conocemos y a darle apoyo y solidaridad.
Si decimos creer en Dios y en Jesucristo como nuestro abogado y salvador, si estamos verdaderamente convencidos que Cristo murió en la cruz del calvario para salvarnos del pecado, hagamos nuestra parte, cada uno por igual para ir uniendo en una sola voz y un solo principio de cristiandad a esta nación que amamos.

Si realmente eres Cristiano, tienes por definición, esa responsabilidad mínima y fundamental.

El no hacerlo lacera tu relación con Dios y con tu prójimo, según las palabras y enseñanzas de nuestro líder absoluto: Cristo Jesús.

Reciban hoy mi mayor abrazo y bendiciones.

¡FELIZ NAVIDAD!