
El Parkinson se desarrolla cuando células nerviosas (neuronas) comienzan a morir o desaparecer producto de algunos cambios en el metabolismo, resultando que el cerebro produce menos dopamina de la necesaria, comenzando a aparecer los síntomas del Parkinson: temblor, lentitud, rigidez e inestabilidad postural, entre otros.
Y, es que la dopamina se encarga de enviar mensajes a la parte del cerebro que controla el movimiento y la coordinación del cuerpo.
También es común que se presenten algunos efectos que no precisamente se vinculan al sistema locomotor, como mareo o pérdida de conocimiento, del sentido del olfato (anosmia), de la visión, carencia acústica, tartamudez (afasia), problemas en la piel, síndrome del intestino permeable, el sueño y otros asociado a trastornos psiquiátricos como cambios en el estado del ánimo, el estrés, la ansiedad, carencia de felicidad incluso ataques de pánico.
Muchos científicos coinciden que existen fundamentalmente tres causas que podrían aumentar las probabilidades de que se desarrolle susodicha enfermedad.
Por un lado, se han identificado varias mutaciones genéticas asociadas con el Parkinson, la exposición a ciertos eventos ambientales como químicos tóxicos, pesticidas o herbicidas, pero uno de los factores más considerados en los últimos tiempos es la mala calidad de los alimentos ingeridos.
No cabe duda, que el Parkinson es una patología frustrante, crónica y que no es curable pero sí tratable con éxito, que requiere atención sobre todo dirigido a una buena calidad de vida ya que la terapia comúnmente se dedica a tratar los síntomas más molestos para el paciente por lo que no hay un tratamiento estándar.
Por ejemplo, un tratamiento novedoso corresponde al fármaco Pegasus o DAD 9, que es la primera molécula capaz de abordar los dos principales problemas de la enfermedad de Parkinson: mejorar los síntomas y evitar la progresión de los daños neuronales. (ver estudio del Dr. Carlos Singer de la Universidad de Miami, editado el 9 de mayo, 2024).
Aunque otros fármacos son los acostumbrados tales como el glutatión, nac, vitamina B6 y un sin número de suplementos.
Sin embargo, otras investigaciones de expertos como el Dr. Javier Furman, especialista en salud integrativa y el Dr. Antonio Valenzuela, experto en medicina funcional, consideran que el Parkinson es una enfermedad que se ocasiona en el intestino, a partir del cual se va mal plegando el alfa sinucleína y va generando un apelmazamiento en formato de cuerpo de Lewy dentro de la sustancia negra por lo que los pacientes son tratados desde los procesos digestivos y la calidad alimenticia.
Comenta el Dr. Furman, que el Parkinson es una enfermedad intestinal que se manifiesta en todo el cuerpo y que comienza a gestarse desde la década de los 40 aunque debute entre los 60 y los 70, mostrando inconsistencia de bajo vientre, estreñimiento, dolores de cabeza, pérdida de la visión y anosmia fundamentalmente
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Los médicos en general tienen cada vez más claro que la función del sistema digestivo va mucho más allá de simplemente procesar la comida que se ingiere coincidiendo que el intestino es el “segundo cerebro”.
De hecho, protocolos médicos están incluyendo tratamiento dirigidos al sistema digestivo y específicamente mejorando la calidad de alimentos que se ingieren y su balance nutricional para enfermedades mentales o del sistema inmunológico como por ejemplo el caso del Parkinson, y el peristaltismo intestinal.
Al respecto, también la Dr. Megan Rossi, especialista en salud intestinal, y miembro del Consejo Médico de Australia, ha recomendado en múltiples ocasiones prestarle más atención al sistema digestivo como el “segundo cerebro”. Y, aclara que tiene más neuronas que la espina dorsal y actúa independientemente del sistema nervioso central.
Explica la Dr. Rossi que, a diferencia de cualquier otro órgano, el intestino tiene su propia autonomía para tomar decisiones, no necesita que el cerebro le diga qué hacer, manifestándose el aparato digestivo, como sistema autónomo.
El estómago y el sistema digestivo en general tienen sus propios circuitos neuronales y, por supuesto, se comunican con el cerebro.
Aunque funciona independientemente del Sistema Nervioso Central (SNC), se comunica con él a través de los sistemas simpático y parasimpático.
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Son muchos los investigadores que coinciden con la Dr. Megan Rossi, el Dr. Javier Furman y el Dr. Antonio Valenzuela, expertos en medicina funcional y salud integrativa, en que se puede mejorar la salud en general si se garantiza debida atención a mejorar la calidad de vida, al sistema digestivo y por ende el microbioma intestinal, con algunas acciones como sigue:
– Una alimentación nutritiva y debidamente balanceada.
– Hacer ejercicios físicos regularmente.
– Incorporar como sistema la meditación, relajación o mindfulness.
– Evitar el alcohol y las comidas muy sazonadas y picantes.
– Descansar y dormir lo suficiente.
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