Sebastián Cozzan

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El mes pasado se dio a conocer la espantosa noticia de un niño de 9 años de edad, que había sido atacado por un tiburón en una playa, al norte de Palm Beach. El niño contó a un canal de televisión local que había pateado al tiburón dentro de la boca para escapar. Sebastián estaba a unos 20 metros de la costa cuando el tiburón atacó, entre el lugar donde la arena cae y comienza el banco de arena.

Sebastián Cozzan terminó con 80 puntos para poder cerrar todas sus heridas; Según cuenta la noticia, su padre dijo que él fue mordido por un tiburón en la misma zona del parque Estatal John D. MacArthur hace dos décadas. “Lo está haciendo muy bien. Le encanta el agua”, dijo su padre, David. “Es un chico. Ellos se recuperan rápidamente”. “Pronto estará de regreso en el agua”. Según reportó el Palm Beach Post.

Cualquier padre por evitar el riesgo de perder a su hijo, le prohibiría a su hijo entrar al mar otra vez. Probablemente muchos padres puedan calificar a David de insensato y ser pobre de juicio, pero el padre de Sebastián parece entender algo que la mayoría de los padres no entienden, pero la pasión de Sebastián es el mar y limitarlo de vivir y hacer lo que le gusta sería verle morir en vida devorado por su propio miedo de perderlo.

Cuando los padres conceden prioridad a los sueños de su hijo por encima de sus miedos personales está mostrando el verdadero respeto y valorización que se merece el hijo como individuo.

Si como padre, la protección de sus hijos (seguridad) está por encima de ayudarlos a desarrollar todo su potencial (educarlos) entonces es muy probable que usted se sienta más tranquilo, pero que su hijo se sienta preso y por lo tanto infeliz. Un padre no debe comprar su tranquilidad negando oportunidades, limitando u obstruyendo las oportunidades que la vida le ofrece a su hijo.

David parece entender que las cicatrices que le dejo ese tiburón en Sebastián serán trofeos de orgullo, que forman parte del precio que se paga por vivir con valentía e intensamente, y que si un tiburón, a los 9 años de edad no pudo robar el sueño de Sebastián, él como padre tampoco lo hará prohibiéndole entrar al mar otra vez.

Hablemos enserio, todos tenemos sueños y en el transcurso de lograrlos nos toca patear algún tiburón en la boca para no perecer en el camino. Lo que nos detiene de vivir intensamente nuestros sueños no son las heridas que nos hayan dejado las malas experiencias, más bien es el significado que le damos a ellas. Aprendamos de la valentía de Sebastián pateando al tiburón, y de su padre que se arriesga al dolor de perder a su hijo por tal de enseñar a Sebastián que no se abandonan los sueños por las huellas de nuestras heridas.

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Sebastián Cozzan